TARS

TARS

Jan 02 , 2021

Si piensas en robots, son siempre humanoides, con cabeza, pies y manos; es más, como el robot de Funky Junky Robots, ese robot que es como el clásico juguete que empieza a caminar en Poltergeist, ¿o no? Los siguientes que imaginas son los robots de pelea que ya todos vimos en YouTube. En fin, hay un prototipo de robot que todos tenemos en la cabeza. Pero, ¿te habías dado el chance de imaginarlo diferente? Digamos, un mecanismo de forma rectangular, sin brazos ni piernas...¿ni cabeza?

Pues el director de la película “Interestellar”, Chrístopher Nolan, el artista Bill Irwin y el especialista Mark Fichera, sí lo imaginaron, y lo crearon para convertirse en -en mi muy binaria, humilde y perfecta opinión- el personaje principal y héroe de la película de ciencia ficción.

Su nombre es TARS y la apariencia de este robot no es lo que esperas de un film de sci-fi de Hollywood, ni siquiera de una película japonesa. Su apariencia es muy diferente ya que propone un diseño que rompe con los estereotipos de los robots que conocíamos, un mecanismo de forma rectangular y minimalista, que complementado con una voz singular, da al personaje un sentido increíblemente amigable, humorístico y familiar.

Este robot, cautivó a los espectadores de la película por su programación con características más humanas pero de apariencia menos humanoide. Está desarrollado por la U.S. Marine Corps. y se ideó para controlar la nave espacial Endurace, cuidar el hipersueño de los tripulantes y ser compañía para los mismos. Cargado con características humanas como humor, sarcasmo y honestidad, lo hacen parecer el compañero perfecto para cualquier viaje que dure más de 100 años, aunque parezca un refrigerador.

Este mecanismo rectangular, sencillo pero funcional y sin parecido con el hombre. De hecho, su aspecto tampoco es parecido a ningún robot de los que has visto hasta ahora. Mide metro y medio de alto por uno de ancho, está fabricado utilizando tres bloques rectangulares verticales que se puede desacoplar e incluso rotar en diferentes direcciones para realizar acciones como caminar, correr, rodar, llevar objetos, controlar la nave y hasta salvar vidas.

Algo que hace brillar a TARS de entre otros robots es su fluidez y capacidad de contestación en la convivencia con seres humanos, a la fecha lograr esa función en un robot, cual sea su tipo o diseño, aún es muy compleja y aunque se está trabajando arduamente por muchos equipos de científicos alrededor del mundo para lograrlo, sigue siendo un detalle de ficción incluido en TARS. Robots o sistemas como Alexa o Siri, son apenas los primeros intentos bien logrados para una interacción pregunta-respuesta con un ser humano. Sin embargo aún no ha sido posible el tipo de interacción fluida que vemos de TARS.

En 2017, unos jóvenes lograron crear un chat bot que podía expresar ciertas emociones como alegría, tristeza o enojo cuando entablaba una conversación con un ser humano. Para logarlo este equipo de jóvenes amantes de la robótica y programación, tuvieron que desarrollar un algoritmo que clasificara las emociones que alimentaban el “cerebro” con más de 23 mil publicaciones obtenidas de una red social. El resultado es prometedor y significa un gran avance en el desarrollo tecnológico y robótico, pero para lograr una interacción tan natural, con chistes, sarcasmos, comentarios inteligentes y características de conversación que

ayuden a un robot a que lo perciban como más humano, queda aún mucho camino por recorrer.

La movilidad de TARS es algo que llama muchísimo la atención, ya que al ser de forma rectangular, la ausencia de piernas y brazos articulados, sin coyunturas, sin soportes, sin rodillos, baleros ni sistemas neumáticos que lo hagan moverse, logra una movilidad inigualable, tanto que puede hacerlo a lo largo y ancho de la nave Endurace, así como en cualquier otro terreno. Moviendo solamente sus rectángulos laterales hacia delante y hacia atrás, TARS da pasos a gran velocidad, e incluso, haciendo girar los mismos rectángulos, se convierte en un vehículo bastante hábil para trasladarse de un lado a otro, incluso en terrenos irregulares y hasta líquidos. Esto queda demostrado en el momento en que debe salvar a Amelia (Anne Hathaway) al caer al mar.

En cuanto a su programación el filme propone que sus datos son cuánticos, que ayudarían a que las comunicaciones pudieran viajar a través del espacio y dimensiones cuánticas, lo que ayuda al final del filme a Cooper (Mathew McConaughey) para comunicarse cuando está en el Tesseracto (enorme estructura hipercúbica en forma de rejilla en donde podrías ver el pasado, el presente y el futuro y navegar por cualquiera de estos tiempos).

Como la gran mayoría de los robots creados por la ciencia ficción, al parecer TARS también sigue las tres leyes de Asimov: Un robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño. Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley. Y un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

Sin embargo esto no implica que TARS no tenga sentido de supervivencia, ya que cuestiona todas las órdenes que pueda hacerle daño afectando su integridad y busca una solución con mayores y mejores probabilidades para la seguridad y bienestar de los seres humanos que coexisten a su alrededor y él mismo. Lo que hace que este robot de diseño simple y tosco, resulte más humano que muchos robots de la vida real y la ciencia ficción.

En general TARS es tal vez uno de los robots que logra tener una relación más honesta y empática con sus interlocutores humanos, sin tener el aspecto de uno, al contrario, con un diseño que recuerda su funcionalidad y robustez, eliminando así los miedos a una inteligencia artificial tan parecida físicamente a los hombres que intimiden con la idea de sustitución de roles y una dramática y ficticia, más no imposible, rebelión.

De cualquier modo esta aun es una propuesta inviable y no ha sido posible generar ni la programación con tal fluidez y entonación, ni el diseño con esa movilidad. Recientemente navegando por la red descubrí que hay unos jóvenes que inspirados en la película realizaron un TARS a escala pequeña y han logrado que tenga movilidad. No es el robot tan ágil como se ve en el film pero definitivamente es un gran avance para la robótica mundial.

Al final, en este mundo todo es posible. Expertos opinan que aún faltan demasiados años para poder desarrollar un algoritmo que produzca una conversación tan fluida y con tanta características y valores que lo hagan sentirse como si se estuviera teniendo una conversación con otro ser humano o incluso más desarrollado. Por un lado es por la dificultad tecnológica y de programación, y la otra es por el factor económico, ya que no existen las grandes corporaciones robóticas aún que vemos en las películas, y resulta demasiado complicado encontrar a los inversionistas visionarios que pongan su fortuna en favor del desarrollo e investigación de nuevas tecnologías y robótica.


Déjanos un comentario

Hola, el comentario debe ser aprobado antes de ser publicado.